[3/3] -Mi niña - oyes que alguien te
susurra al oído mientras acaricia tus mofletes con los dedos de la mano. Abres
lentamente los ojos y, lo primero que ves, es su carita de ángel que te observa
tiernamente con una de esas preciosas sonrisas suyas. Ronroneas y te abres
hueco entre sus brazos. Te rodea con sus brazos por la espalda y deposita y
tierno beso sobre tu frente.
-Se enfría
el desayuno - te susurra al oído.
-Tengo
sueño, Pablo...
-¿Anulamos
la peli y el desayuno dejándolo tan solo en dormir acurrucaditos?
-No, bobo.
No te voy a hacer el feo. Pero si me das tú el desayuno...
Te besa
dulcemente y os incorporáis para desayunar.
-¿También
has preparado la peli, mi niño?
-¡Claro!
-Estás hecho
un amor, no me extraña que haya tantas chicas locas por ti, y me incluyo en el
montón.
-Vosotras sí
que sois amores.
-No, Pa...
-Sí lo sois.
Si no, no me aguantaríais.
-Eres
perfecto. De los pies a la cabeza. De la cabeza a los pies. Da igual cómo se te
mire. No tienes ni un solo fallo.
-Mientes.
Aún no me has visto entero. - Te dice picantemente.
-Tonto -
Respondes dándole un pequeño empujón, el justo para que se le caiga encima la
taza de chocolate caliente que acaba de coger de la mesa. - Soy una inútil.
¿Quema? - Dices levantándote a por algo para limpiarle un poco, pero él te lo
impide agarrándote suavemente del brazo.
-Tranquila,
mi niña. Has encontrado la excusa perfecta para que observes todo mi cuerpo.
-Tonto - le
susurras al oído mientras le tumbas sobre el sofá y le quitas poco a poco la
ropa dejando un reguero de besos por todo su cuerpo. Umm, pues le ha salido rico el chocolate. Te acurrucas sobre su
pecho y acaricias sus pectorales con delicadeza. No quieres adelantarte en
nada, sino que surja cuando tenga que surgir y, ahora, crees que no es el
momento.
-¿Vemos la
peli? - Susurras sin ni siquiera levantar la cabeza para mirarle, ya que te
encanta estar ahí tumbadita sobre su pecho envuelta en esa fragancia a Cool
Water.
-Claro, mi
niña. - Te responde mientras aparta los mechones de pelo que te tapan la cara
para acariciar tus mejillas. Es puro
amor. Te deslizas mínimamente hacia arriba y le besas antes de levantarte y
encender el portátil para ver la peli. Te acurrucas sobre su pecho, de nuevo, y
comenzáis a ver la película.
Al rato,
llaman al timbre. Pausas la película y te levantas a abrir quedándote
anonadada. Hay un ramo de flores enorme en el suelo junto con un regalo de
mediano tamaño.
Antes de que
puedas reaccionar, sientes sus brazos rodeándote por la cintura y su aliento en
tu cuello.
-¿A qué
esperas para cogerlo, mi niña?
-¿Es... Es
para... Para mí?
-¡Claro!
¿Para quién iba a ser sino?
-No sé...
Estás ida.
Aún no te crees nada. Es tan maravilloso todo que sientes que no te lo mereces
porque tú no vales tanto. Le abrazas fuertemente y él te lleva en brazos hasta
el sofá, donde te tumba con cuidado, después vuelve a la puerta y coge las
cosas para regresar junto a ti.
Posa las flores sobre la pequeña mesa de cristal que hay entre la tele y el sofá y te entrega el regalo. Estás nerviosa por saber qué es, con lo que no atinas para abrirlo. Te ríes nerviosa y le miras para ver cómo se ríe contigo. Terminas de desenvolverlo y te encuentras con una pequeña cajita de terciopelo azul oscuro. Le miras y él te indica con una sonrisa que la abras. Eso haces.
Posa las flores sobre la pequeña mesa de cristal que hay entre la tele y el sofá y te entrega el regalo. Estás nerviosa por saber qué es, con lo que no atinas para abrirlo. Te ríes nerviosa y le miras para ver cómo se ríe contigo. Terminas de desenvolverlo y te encuentras con una pequeña cajita de terciopelo azul oscuro. Le miras y él te indica con una sonrisa que la abras. Eso haces.
-Pablo...
¡Es preciosa!
-¿Te gusta?
-No me
gusta, me encanta. Pero no hacía falta que...
-Shh, sí
hacía falta. Te mereces esto y mucho más.
-Gracias,
Pablo. - Dices a la vez que te lanzas sobre él consiguiendo así tumbarte encima
de él. Os reís ahogando esas risas en mil y un beso lleno de amor.
-¿Te la
pongo? - Te pregunta sonriente.
-¡Claro!
Coge con
cuidado la esclava de plata que te ha regalado y te la abrocha. Realmente es
preciosa con ese pequeño detalle de que esté grabada en una clave de sol, que
cuelga de la esclava, una frase que os ha marcado para siempre, ese
"Solamente tú". Observas una vez más la esclava y te vuelves a lanzar
a sus brazos para probar sus labios una vez más.
-Gracias. -
Susurras en su oído.
-A ti por
llegar a mi vida, mi niña.
-Te quiero
millones, Pablo.
-Yo te
quiero infinitos, Ruth.
Os miráis y
sonreís como dos locos enamorados que sois. ¿Y
si no sale bien? "Y si alguien me hace daño aguantaré. Me niego a convertirme
en alguien que no sepa querer".

No hay comentarios:
Publicar un comentario