viernes, 13 de diciembre de 2013

Pequeños detalles que enamoran.

[3/3] -Mi niña - oyes que alguien te susurra al oído mientras acaricia tus mofletes con los dedos de la mano. Abres lentamente los ojos y, lo primero que ves, es su carita de ángel que te observa tiernamente con una de esas preciosas sonrisas suyas. Ronroneas y te abres hueco entre sus brazos. Te rodea con sus brazos por la espalda y deposita y tierno beso sobre tu frente.
-Se enfría el desayuno - te susurra al oído.
-Tengo sueño, Pablo...
-¿Anulamos la peli y el desayuno dejándolo tan solo en dormir acurrucaditos?
-No, bobo. No te voy a hacer el feo. Pero si me das tú el desayuno...
Te besa dulcemente y os incorporáis para desayunar.
-¿También has preparado la peli, mi niño?
-¡Claro!
-Estás hecho un amor, no me extraña que haya tantas chicas locas por ti, y me incluyo en el montón.
-Vosotras sí que sois amores.
-No, Pa...
-Sí lo sois. Si no, no me aguantaríais.
-Eres perfecto. De los pies a la cabeza. De la cabeza a los pies. Da igual cómo se te mire. No tienes ni un solo fallo.
-Mientes. Aún no me has visto entero. - Te dice picantemente.
-Tonto - Respondes dándole un pequeño empujón, el justo para que se le caiga encima la taza de chocolate caliente que acaba de coger de la mesa. - Soy una inútil. ¿Quema? - Dices levantándote a por algo para limpiarle un poco, pero él te lo impide agarrándote suavemente del brazo.
-Tranquila, mi niña. Has encontrado la excusa perfecta para que observes todo mi cuerpo.
-Tonto - le susurras al oído mientras le tumbas sobre el sofá y le quitas poco a poco la ropa dejando un reguero de besos por todo su cuerpo. Umm, pues le ha salido rico el chocolate. Te acurrucas sobre su pecho y acaricias sus pectorales con delicadeza. No quieres adelantarte en nada, sino que surja cuando tenga que surgir y, ahora, crees que no es el momento.
-¿Vemos la peli? - Susurras sin ni siquiera levantar la cabeza para mirarle, ya que te encanta estar ahí tumbadita sobre su pecho envuelta en esa fragancia a Cool Water.
-Claro, mi niña. - Te responde mientras aparta los mechones de pelo que te tapan la cara para acariciar tus mejillas. Es puro amor. Te deslizas mínimamente hacia arriba y le besas antes de levantarte y encender el portátil para ver la peli. Te acurrucas sobre su pecho, de nuevo, y comenzáis a ver la película.
Al rato, llaman al timbre. Pausas la película y te levantas a abrir quedándote anonadada. Hay un ramo de flores enorme en el suelo junto con un regalo de mediano tamaño.
Antes de que puedas reaccionar, sientes sus brazos rodeándote por la cintura y su aliento en tu cuello.
-¿A qué esperas para cogerlo, mi niña?
-¿Es... Es para... Para mí?
-¡Claro! ¿Para quién iba a ser sino?
-No sé...
Estás ida. Aún no te crees nada. Es tan maravilloso todo que sientes que no te lo mereces porque tú no vales tanto. Le abrazas fuertemente y él te lleva en brazos hasta el sofá, donde te tumba con cuidado, después vuelve a la puerta y coge las cosas para regresar junto a ti.

Posa las flores sobre la pequeña mesa de cristal que hay entre la tele y el sofá y te entrega el regalo. Estás nerviosa por saber qué es, con lo que no atinas para abrirlo. Te ríes nerviosa y le miras para ver cómo se ríe contigo. Terminas de desenvolverlo y te encuentras con una pequeña cajita de terciopelo azul oscuro. Le miras y él te indica con una sonrisa que la abras. Eso haces.
-Pablo... ¡Es preciosa!
-¿Te gusta?
-No me gusta, me encanta. Pero no hacía falta que...
-Shh, sí hacía falta. Te mereces esto y mucho más.
-Gracias, Pablo. - Dices a la vez que te lanzas sobre él consiguiendo así tumbarte encima de él. Os reís ahogando esas risas en mil y un beso lleno de amor.
-¿Te la pongo? - Te pregunta sonriente.
-¡Claro!
Coge con cuidado la esclava de plata que te ha regalado y te la abrocha. Realmente es preciosa con ese pequeño detalle de que esté grabada en una clave de sol, que cuelga de la esclava, una frase que os ha marcado para siempre, ese "Solamente tú". Observas una vez más la esclava y te vuelves a lanzar a sus brazos para probar sus labios una vez más.
-Gracias. - Susurras en su oído.
-A ti por llegar a mi vida, mi niña.
-Te quiero millones, Pablo.
-Yo te quiero infinitos, Ruth.

Os miráis y sonreís como dos locos enamorados que sois. ¿Y si no sale bien? "Y si alguien me hace daño aguantaré. Me niego a convertirme en alguien que no sepa querer".

lunes, 9 de diciembre de 2013

Pequeños detalles que enamoran.

[2/3] El ruido del timbre hace que te despiertes sobresaltada sin saber muy bien si estás soñando o realmente acaban de llamar al timbre. Por si acaso no es un sueño, te levantas de la cama muerta de cansancio y caminas hacia la puerta.
No preguntas quién es más que nada porque ni se te pasa por la cabeza con el sueño que tienes ya que anoche te acostaste tarde. Abres la puerta y te quedas sin palabras al ver lo que tienes enfrente de ti. Es un oso de peluche enorme. No sabes cómo reaccionar, si cogerle y entrar con él dentro o dejarle ahí fuera porque no te crees que sea para ti. Pero, entonces, de detrás del peluche sale esa persona, a la que amas con todo tu corazón, con una sonrisa enorme.

¿Esto es un sueño? Te pellizcas para comprobar si lo es o no. No. Es la pura realidad. Vas a morir en breves, lo sientes. Es que no hay hombre más perfecto que él. Y, encima, tienes la suerte de que es tuyo. Os amáis con locura el uno al otro.
Cuando por fin consigues reaccionar, te lanzas a sus brazos y él te coge fuertemente. Os separáis escasos centímetros y sucede. Otro beso de esos que a ti tanto te gustan, lentos y dulces con un toque de pasión.
-Buenos días, mi niña.
-Buenos días, mi niño.
Sonríes y os regaláis otro beso antes de coger el oso de peluche y entrar dentro de su mano. Cierras la puerta con el pie y caminas hasta él, que está sentado en el sofá esperándote. Te sientas sobre sus piernas y rodeas su cuello para, después, rozar sus labios con los tuyos una vez más. Sonríe en mitad del beso y no puedes evitar hacerlo tú también, pero con una pequeña diferencia, tu sonrisa va cargada de una risa tonta de enamorada. Se ríe contigo y te regala un beso rápido para calmar tu risa.
-¿Has desayunado ya?
-No. ¿Y tú?
-Tampoco. Así que, ¿qué te parece si desayunamos abrazaditos mientras vemos una peli en tu portátil?
-Perfecto.
-Pues espérame aquí, que yo lo preparo todo.
-¿Seguro?
-Confía en mí. - Te dice guiñándote un ojo mientras se dirige a la cocina. Te quedas ahí sentada en el sofá observando cómo se aleja mientras piensas en la suerte que tienes al poder ser su chica.