[2/3] El ruido del timbre hace que te despiertes sobresaltada sin saber muy bien si estás soñando o realmente acaban de llamar al timbre. Por si acaso no es un sueño, te levantas de la cama muerta de cansancio y caminas hacia la puerta.
No preguntas quién es más que nada porque ni se te pasa por la cabeza con el sueño que tienes ya que anoche te acostaste tarde. Abres la puerta y te quedas sin palabras al ver lo que tienes enfrente de ti. Es un oso de peluche enorme. No sabes cómo reaccionar, si cogerle y entrar con él dentro o dejarle ahí fuera porque no te crees que sea para ti. Pero, entonces, de detrás del peluche sale esa persona, a la que amas con todo tu corazón, con una sonrisa enorme.
¿Esto es un sueño? Te pellizcas para comprobar si lo es o no. No. Es la pura realidad. Vas a morir en breves, lo sientes. Es que no hay hombre más perfecto que él. Y, encima, tienes la suerte de que es tuyo. Os amáis con locura el uno al otro.
Cuando por fin consigues reaccionar, te lanzas a sus brazos y él te coge fuertemente. Os separáis escasos centímetros y sucede. Otro beso de esos que a ti tanto te gustan, lentos y dulces con un toque de pasión.
-Buenos días, mi niña.
-Buenos días, mi niño.
Sonríes y os regaláis otro beso antes de coger el oso de peluche y entrar dentro de su mano. Cierras la puerta con el pie y caminas hasta él, que está sentado en el sofá esperándote. Te sientas sobre sus piernas y rodeas su cuello para, después, rozar sus labios con los tuyos una vez más. Sonríe en mitad del beso y no puedes evitar hacerlo tú también, pero con una pequeña diferencia, tu sonrisa va cargada de una risa tonta de enamorada. Se ríe contigo y te regala un beso rápido para calmar tu risa.
-¿Has desayunado ya?
-No. ¿Y tú?
-Tampoco. Así que, ¿qué te parece si desayunamos abrazaditos mientras vemos una peli en tu portátil?
-Perfecto.
-Pues espérame aquí, que yo lo preparo todo.
-¿Seguro?
-Confía en mí. - Te dice guiñándote un ojo mientras se dirige a la cocina. Te quedas ahí sentada en el sofá observando cómo se aleja mientras piensas en la suerte que tienes al poder ser su chica.
No preguntas quién es más que nada porque ni se te pasa por la cabeza con el sueño que tienes ya que anoche te acostaste tarde. Abres la puerta y te quedas sin palabras al ver lo que tienes enfrente de ti. Es un oso de peluche enorme. No sabes cómo reaccionar, si cogerle y entrar con él dentro o dejarle ahí fuera porque no te crees que sea para ti. Pero, entonces, de detrás del peluche sale esa persona, a la que amas con todo tu corazón, con una sonrisa enorme.
¿Esto es un sueño? Te pellizcas para comprobar si lo es o no. No. Es la pura realidad. Vas a morir en breves, lo sientes. Es que no hay hombre más perfecto que él. Y, encima, tienes la suerte de que es tuyo. Os amáis con locura el uno al otro.
Cuando por fin consigues reaccionar, te lanzas a sus brazos y él te coge fuertemente. Os separáis escasos centímetros y sucede. Otro beso de esos que a ti tanto te gustan, lentos y dulces con un toque de pasión.
-Buenos días, mi niña.
-Buenos días, mi niño.
Sonríes y os regaláis otro beso antes de coger el oso de peluche y entrar dentro de su mano. Cierras la puerta con el pie y caminas hasta él, que está sentado en el sofá esperándote. Te sientas sobre sus piernas y rodeas su cuello para, después, rozar sus labios con los tuyos una vez más. Sonríe en mitad del beso y no puedes evitar hacerlo tú también, pero con una pequeña diferencia, tu sonrisa va cargada de una risa tonta de enamorada. Se ríe contigo y te regala un beso rápido para calmar tu risa.
-¿Has desayunado ya?
-No. ¿Y tú?
-Tampoco. Así que, ¿qué te parece si desayunamos abrazaditos mientras vemos una peli en tu portátil?
-Perfecto.
-Pues espérame aquí, que yo lo preparo todo.
-¿Seguro?
-Confía en mí. - Te dice guiñándote un ojo mientras se dirige a la cocina. Te quedas ahí sentada en el sofá observando cómo se aleja mientras piensas en la suerte que tienes al poder ser su chica.

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