jueves, 16 de enero de 2014

Caramelo.

Caminamos por la orilla de la playa dados de la mano mirándonos. Sonriéndonos. Besándonos. Queriéndonos. Deseándonos.
-Pablo. – Susurro.
-Dime, mi niña.
-¿Hacemos un juego?
-¡Claro! ¿Qué quieres que hagamos?
-Quiero que me lleves a caballito corriendo por la playa.
-Eso no tienes ni que pedirlo.
-El juego no es solo eso, luego te tengo que llevar yo. Gana quien aguante más tiempo con el otro a cuestas.
-Como quieras. Pero te advierto que yo peso mucho, ¿eh, pequeña? – Me responde riendo, lo que provoca que saque a pasear una de esas sonrisas que me dejaron loca desde el primer segundo que las contemplé.
-Y yo le advierto a usted, Señor Moreno, que estoy muy fuerte. Mire. – Digo sacando bola mientras intento mantener la risa ya que, él, me observa con una cara de esas raras suyas tan asdfghjklñ.
-Eres perfecta, mi niña. – Dice besándome delicadamente tras rodearme por la cintura para acercarme a él. Tras unos segundos en otro mundo, me separo rápidamente de él y cojo impulso. - ¡Que voy! – Grito riendo ya que está totalmente desprevenido pero, con tal de no dejarme caer, hace lo que sea. Así que, realiza un movimiento raro y me subo a sus hombros. Me agarra fuertemente de las piernas y yo me agarro a su cuello para no caer. – Vamos Señor Moreno, ¡más rápido! O… ¿le pesa el culo? – Digo para picarle sin parar de reír. Entonces, empieza a correr mientras se ríe, con lo que, enseguida, se queda sin aire y cae al suelo quedando aplastado por mí.
-¡Tramposa!
-Solo un poco.
-Por tu culpa ahora estoy lleno de tierra.
-Con que por mi culpa, ¿eh? ¡Pues ahora verás!
Cojo un puñado de arena y se lo hecho por el pelo haciendo como si es el champú y le estoy lavando el pelo.
-¡Para!
-¡No quiero! ¿No soy una tramposa?
-No te enfades, mi niña, si sabes que te quiero muchísimo. – Me dice a la vez que me coge suavemente de las muñecas para pararme.
-¡Suéltame!
-¿De verdad te has enfadado?
-No me hables, tonto.
-No me lo puedo creer. Mi pequeñaja enfadada conmigo.
-¡Eso! Tú ríete de mí. – Le digo a la vez que le doy un suave puñetazo en el hombro.
-Mira que eres boba.
-Pero me quieres.
-Más que a mi vida. – Me dice apartando los mechones de pelo que caen por mi rostro rebeldes a causa de la suave brisa marina para, después, besarme sin prisa. – Umm… Sabes al helado de caramelo que comiste antes…
Río y le saco la lengua. Adoro cada pequeño detalle suyo porque me sacan las más sinceras sonrisas.
-¿Sabes a qué me recuerda eso, Pablo?
-Dime.
-Quiero hacerle el amor al compás de la marea… - Le respondo a la vez que comienzo a besarle con un toque de pasión. - ¿Y si hacemos lo que dice la canción? – Le pregunto pícaramente a la vez que introduzco lentamente mis manos por debajo de su camiseta para terminar quitándosela.

-Y poco a poco me desnuda sobre la arena...