Caminamos
por la orilla de la playa dados de la mano mirándonos. Sonriéndonos.
Besándonos. Queriéndonos. Deseándonos.
-Pablo. –
Susurro.
-¿Hacemos un
juego?
-¡Claro!
¿Qué quieres que hagamos?
-Quiero que
me lleves a caballito corriendo por la playa.
-Eso no
tienes ni que pedirlo.
-El juego no
es solo eso, luego te tengo que llevar yo. Gana quien aguante más tiempo con el
otro a cuestas.
-Como
quieras. Pero te advierto que yo peso mucho, ¿eh, pequeña? – Me responde
riendo, lo que provoca que saque a pasear una de esas sonrisas que me dejaron
loca desde el primer segundo que las contemplé.
-Y yo le
advierto a usted, Señor Moreno, que estoy muy fuerte. Mire. – Digo sacando bola
mientras intento mantener la risa ya que, él, me observa con una cara de esas
raras suyas tan asdfghjklñ.
-Eres perfecta,
mi niña. – Dice besándome delicadamente tras rodearme por la cintura para
acercarme a él. Tras unos segundos en otro mundo, me separo rápidamente de él y
cojo impulso. - ¡Que voy! – Grito riendo ya que está totalmente desprevenido
pero, con tal de no dejarme caer, hace lo que sea. Así que, realiza un
movimiento raro y me subo a sus hombros. Me agarra fuertemente de las piernas y
yo me agarro a su cuello para no caer. – Vamos Señor Moreno, ¡más rápido! O…
¿le pesa el culo? – Digo para picarle sin parar de reír. Entonces, empieza a
correr mientras se ríe, con lo que, enseguida, se queda sin aire y cae al suelo
quedando aplastado por mí.
-¡Tramposa!
-Solo un
poco.
-Por tu
culpa ahora estoy lleno de tierra.
-Con que por
mi culpa, ¿eh? ¡Pues ahora verás!
Cojo un
puñado de arena y se lo hecho por el pelo haciendo como si es el champú y le
estoy lavando el pelo.
-¡Para!
-¡No quiero!
¿No soy una tramposa?
-No te
enfades, mi niña, si sabes que te quiero muchísimo. – Me dice a la vez que me coge
suavemente de las muñecas para pararme.
-¡Suéltame!
-¿De verdad
te has enfadado?
-No me
hables, tonto.
-No me lo
puedo creer. Mi pequeñaja enfadada conmigo.
-¡Eso! Tú ríete
de mí. – Le digo a la vez que le doy un suave puñetazo en el hombro.
-Mira que
eres boba.
-Pero me quieres.
-Más que a
mi vida. – Me dice apartando los mechones de pelo que caen por mi rostro
rebeldes a causa de la suave brisa marina para, después, besarme sin prisa. –
Umm… Sabes al helado de caramelo que comiste antes…
Río y le
saco la lengua. Adoro cada pequeño detalle suyo porque me sacan las más
sinceras sonrisas.
-¿Sabes a
qué me recuerda eso, Pablo?
-Dime.
-Quiero hacerle el amor al compás de la marea…
- Le respondo a la vez que comienzo a besarle con un toque de pasión. - ¿Y si hacemos
lo que dice la canción? – Le pregunto pícaramente a la vez que introduzco
lentamente mis manos por debajo de su camiseta para terminar quitándosela.
-Y poco a poco me desnuda sobre la arena...

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